Fotografía: Charisse Kenion
Fotografía: Charisse Kenion

La pregunta, con toda su frivolidad a cuestas, sirve para señalar las escasas posibilidades de elección que tenemos todavía en América Latina, pero para que aparezcan más opciones, la industria tradicional debería sentirse un poco incómoda.

Hace un tiempo ya, intenté hacer una lista de materiales orgánicos, biodegradables y naturales en Argentina en particular y en América Latina. Fue tan difícil que abandoné la idea para otro momento. No es que no existan, sino que aún están en fase de desarrollo, se trabaja regionalmente y a pequeña y mediana escala, lo que por un lado me parece fantástico. Sin embargo, todavía tenemos mucho camino por recorrer, en particular diseñadores y diseñadoras, a quienes les toca poner a correr la creatividad a la hora de encontrar materiales adecuados acordes a una marca sostenible. El protagonista latinoamericano sigue siendo el material reciclable o reutilizable, desde distintos tipos de sintéticos hasta el reciclaje de telas, ya sean prendas en desuso u otra cosa.

En una charla con una diseñadora local, quién utiliza como materia prima sachés de leche, me comentaba que es mucho más el plástico que se produce que aquel que se puede aprovechar para reconvertir en algo nuevo, razón por la cual, ni aunque se hagan mil prendas con esa materia prima por día, será la única solución. Esto me pone, una vez más, a pensar en la necesidad de redes y de acciones en sintonía y a la par desde distintos lugares.

Que en América Latina para muchas marcas no sea una opción poder trabajar con material reciclable, sino que es lo único que hay a disposición, es un problema que hay que resolver, sin dudas. No debería ser tan inalcanzable, por ejemplo, para las marcas de calzado poder trabajar con un cuero vegano de origen vegetal. En paralelo a estr desafío, sirve la llamada de atención a quienes están del lado del consumo: insistir con el rechazo al plástico, como primera medida de acción directa para presionar a los mercados a abandonar su uso en absolutamente todo lo que nos rodea. No me refiero a poner la vara (solamente) sobre las marcas sostenibles que ya están en la búsqueda por necesidad propia, sino sobre todas aquellas otras que utilizan sintéticos de manera indiscriminada.

No soy una experta en materias primas para el diseño de indumentaria y textil, pero tengo claro que quiero que mi huella de carbono sea la menor posible. Como consumidores, ese debería ser nuestro foco. Y como diseñadores, la tarea es colaborar fuertemente en educar al público, muchas veces la negligencia pasa por la ignorancia y no por el desinterés.

La información sobre si un material es biodegradable, orgánico, sintético virgen o no, etc, muchas veces compleja y aburrida en algún punto para el público. Seguramente quién quiera saber más encontrará la manera de informarse al respecto. Pero lo que sí desean saber las personas interesadas por una moda sostenible es que sea ética, que sus materiales no causen y/o no hayan causado daño. En ese sentido, la información que hay que brindarles es esa, de una manera simple y clara.

Si quienes crean deciden elegir un producto virgen pero natural o plástico, tendrá origen en sus propias raíces como marca, pero desde el lado del consumo seguimos teniendo la deuda de saber qué es lo que elegimos consumir. En primer lugar, saber elegir. Y para eso, diseñadores y creadores tienen la herramienta en la mano para ayudarles a elegir mejor: información. Queda entonces, encontrarle la vuelta al cómo transmitirla.

Algunas marcas que me inspiran y me atrae cómo cuentan cuál es el origen de sus materiales y sus procesos de elaboración son María Bouvier, Get Wild, Met Textiles o La Rosa Botánicos. Cada vez me doy cuenta que hay una infancia eterna en nuestros corazones a la que le entusiasma saber desde la intuición y la diversión cómo es el mundo. De alguna manera estas marcas (y muchas otras más también, ojo), captan, esa manera nada acartonada de mostrarnos lo que hacen.

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