En qué momento nos convencieron que estilo e inteligencia era incompatible, no lo sé, pero el cuento sigue instaladísimo. Basta ver cómo son tratadas quienes muestran su cuerpo (vestido o desnudo) o manifiestan cierto gusto por la moda y no son necesariamente modelos. Aún así, a pesar de los esfuerzos de la vetusta idea dominante de que una mujer inteligente no tiene tiempo o interés en eso “superfluo” de la moda, el feminismo está resquebrajando ese modo de pensar.

Durante el último mes tuvo lugar durante distintos días y en varios encuentros la organización del paro por el 8M en Buenos Aires, y las asambleas son una pasarela por accidente. Hay estilo y actitud, hay mucho pero mucho para decir no solo con la voz sino también con la estética. Se pone en jaque precisamente lo que es cool, lo que es moda y lo que es bello. Es un maravilloso momento para que salgan a la luz nuevos modos de expresar la creatividad estética sin necesidad de responder al canon de la moda blanca y occidental. Más aún, es una manera de contestarle.

Colores vibrantes en las melenas además de en la ropa, tatuajes con consignas políticas, posturas que no son cartón pintado, cabezas semi rapadas, aros en lugares normativamente poco correctos, combinaciones hipnóticas y prohibidas para la moda tradicional, entre otras cosas. El canon todavía tiene sus sentencias tajantes sobre lo que es estéticamente correcto, bello y aceptado. No se rendirá fácilmente. Sin embargo cada día a muchas más personas les importa un poco menos.

Ya no es invisible que lo político atraviesa la estética y eso no quiere decir que la vuelva aburrida, todo lo contrario. En el último tiempo los medios dedicados a la moda se preguntan cómo cambian tan rápido las tendencias y cómo es posible que convivan al mismo tiempo diferentes estilos cuando en otra época era impensable. Las respuestas son varias: cambios drásticos en los modos de consumo, modelos a seguir que salen fuera del esquema, la influencia de las redes sociales en la creación de nuevas prácticas culturales, y podría seguir mencionando varias más, pero la que sin duda es una razón estructural es la renovada fuerza del feminismo. Y no estamos hablando de una apropiación más que hace la moda de un fenómeno social, sino de un verdadero sismo que está movilizando sus bases.

Las personas (no sólo quienes nos consideramos mujeres) entendimos que los mensajes que queremos comunicar y los modos de vivir no están escindidos de cómo nos vestimos, más bien, es la frutilla del postre y sí que la estamos disfrutando.

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