Fotografía: Youx
Fotografía: Youx

Hacer una revisión sobre nuestro proyecto no es algo sólo personal. Implica trabajo interno de equipo y para eso lo más valioso es saber con quiénes trabajamos, no sólo cómo.







¿Pensaste alguna vez que quizás esa visión de trabajo, de producto y de objetivos que tenés en la cabeza no la hayas compartido con tu equipo? Puede ser también que, aunque lo hayas hecho,  no fue con la suficiente claridad ¿Se te ocurrió que posiblemente no conozcas tanto como creés a la gente que te rodea y eso afecte tu trabajo?

En el día a día con las urgencias, obligaciones, ansiedades y entusiasmos varios, ponemos piloto automático en algunas cuestiones porque “no se puede con todo”, sin embargo, todo buen trabajo requiere de un momento de pausa, reflexión y revisión. Incluso la relación con tu equipo.

Antes que nada, es importante reconocer a quién nos referimos con grupo de trabajo. Se trata no sólo de quienes cosen, sino todas esas personas involucradas en el proyecto. Tal vez no tengan una participación cotidiana, pero sin ellas no hay producto ni marca posible, entonces no hay que dejarlas afuera de este trabajo de consciencia grupal. Porque al fin y al cabo se trata de eso, de un trabajo de reconocimiento interno y  de atender al hoy.

Es posible que hoy no sea el día en el que puedas aplicar estos ejercicios de consciencia porque aún trabajas sola, pero incluso sumando una sola persona a tu barco, es vital hacerse las preguntas básicas si el objetivo es generar vínculos virtuosos, saludables y verdaderamente sustentables.



Dirigir no se contradice con la reciprocidad


Las personas no sólo pueden seguir directivas, sino que también tener una participación desde otro lugar: aportar ideas, ver fallas que quién está al frente no ve, sugerir cambios o detectar potenciales que nunca vimos de nuestro proyecto. El viejo vínculo de “se hace lo que dice el jefe” es obsoleto para un proyecto que es o quiere ser sostenible.

Por estas razones tener un vínculo saludable no es una opción entre varias, es LA opción. Parte por reconocer que las personas tienen motivaciones personales para hacer lo que hacen y no necesariamente están aquí trabajando con nosotras porque somos lo mejor que le pasó en la vida, además tampoco tienen obligación de sentir propio el proyecto.  Suena difícil, sobre todo cuando ya hemos hablado de la necesidad de que nuestro equipo reconozca la marca como parte de su identidad. Pueden sentirse a gusto y felices trabajando junto a nosotras pero eso no implica que sea su prioridad. Las personas responsables lo son con todo, no sólo con aquello que consideran primordial.


Dos razones para no enojarnos por no ser imprescindibles


En primer lugar es importante visualizar que desde el día uno que una persona se suma a trabajar a la par nuestra, comienza un primer proceso de acercamiento y conocimiento, de la identidad de marca, de los horizontes, de los modos de trabajo, etc. Ese tiempo si bien puede medirse de alguna manera, es muy particular, dependerá de la tarea que ha venido a desempeñar, de la cantidad de tiempo que pase involucrada, de las características distintivas de la persona en sí misma, entre otras. Es un tiempo sagrado, en algún aspecto, y al mismo tiempo, clave.  Cualquier experiencia nociva en este momento puede marcar el vínculo, que si bien puede corregirse, siempre es más difícil revertir una situación no deseada que generar un buen contexto de inicio para una experiencia más gratificante.

Esto que parece ser poner el foco en el bienestar de nuestro equipo, es justamente eso, es lo más importante. No sólo que trabajen cómodas para que trabajen mejor, lo cual es una premisa egoísta y enfocada únicamente en el rédito que se puede sacar a la relación, sino que trabajen cómodas porque son personas, son seres humanos que merecen la dignidad del respeto, del buen trato, de ser consideradas no sólo como una mano que trabaja, sino como un cuerpo vivo que siente, como un espíritu que tiene su propia frecuencia. Quizás para varias de ustedes esto puede resultar bastante obvio, pero por desgracia no lo es en la mayoría de los trabajos tradicionales. Alguien que pasa por una situación traumática, por ejemplo, que no está contemplada en su estatuto de trabajo, debe ir a trabajar igual aunque no esté en condiciones anímicas e incluso físicas de hacerlo, porque “es su trabajo”. Pocas son las veces en las que un jefe decide decirle que se tome el día o el tiempo que necesite de todas maneras.

En segundo lugar, quizás su tiempo compartiendo nuestra ruta sea breve o por algún aprendizaje/intercambio específico, lo que no quiere decir que no sea igual de valioso que una participación a largo plazo. Pensar en escalas de valor del trabajo según el tiempo que le dediquen  es un error. Las lógicas de trabajo actuales permiten en algunos casos ser parte de distintos proyectos, lo que no se contradice con ponerle el corazón con todas las ganas a cada uno de ellos.

Valorar la experiencia con cada persona que camine con nosotras, aunque sólo sea parcialmente o en algunas circunstancias específicas, nos aporta una dimensión inigualable, nos enriquece y nos hace crecer si somos capaces de visualizarlo. Algunas veces vemos un obstáculo donde no lo hay y lo ubicamos en una persona puntual o reducimos el problema a echarle la culpa a alguien. Tal vez sólo se trate de dar un paso más atrás, ver la escena en general y asumir que quizás en nuestro enojo escondimos algún miedo o malestar personal que nada tiene que ver con el grupo de trabajo.

Entonces:
  • Atender al proceso de reconocimiento y apropiación simbólica de los horizontes y objetivos.
  • Asumir que nuestra marca (y no nosotras como personas) posiblemente sea sólo una parte y tampoco la más importante en sus vidas (lo que no invalida que sean comprometidas y responsables).

En la próxima les dejaré algunos ejercicios simples para ayudarlas a trabajar el nivel de consciencia en equipo.

No olviden que las participaciones puntuales tienen tanto valor como los que son a largo plazo. Algo tienen para enseñarnos y algo tenemos para brindarles.

Una vez más, gracias por leer, Luján .-

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