Fotografía: Youx
Fotografía: Youx

En el post anterior nos introducíamos en aspectos que algunas veces nos cuesta hacer sobre el trabajo en equipo. Una de las cosas más difíciles de asumir en un mundo que alimenta el ego a escala gigantesca, es que los demás (no sólo en el trabajo) tienen sus propias inquietudes e intereses.

Sin embargo, eso no les impide ser parte de nuestra vida personal o laboral y dar lo mejor de sí. Tomar consciencia del nivel de participación e involucramiento de las personas son vitales para evitar enojos que tienen causas personales, malos entendidos o ilusiones que no tienen pie en la realidad.

La primera pauta que les dejo es decidir si van a iniciar este ejercicio en una reunión general específica para ello, o a solas, como un primer paso de visualización. Se puede hacer solas, pero si estás con confianza o no es la primera vez que hacés trabajo de reflexión con tu equipo pueden hacerlo en conjunto. Estas reglas no son rígidas, aunque hay que ser cautelosas con las preguntas y con cómo manejar las respuestas que reciban. Si no se sienten preparadas pidan apoyo en alguien más o haganla primero con quiénes se sientan menos expuestas. No es una tarea sencilla porque por lo general salen a la luz cosas que seguramente nadie tenía en los planes exponerlas. Nadie dijo que crecer no doliera, pero el jugo que se le puede sacar para fortalecer el grupo es inigualable.

El segundo paso, es hacer una lista con las personas que trabajan en tu proyecto, vos incluida. No se trata de “examinar los demás” sino de reflexión integral. Al lado del nombre de cada persona vas (o van) a listar las horas que dedica al proyecto, en qué tareas y en qué lugar. También anotarás qué otras actividades desempeña, ya sean laborales, formales o no.

Lo que sigue, como tercera pauta, es dialogar con esa persona sobre sus horizontes, sus motivaciones más profundas o sus sueños a cumplir. También es el momento de preguntarle qué le agrada más de trabajar con tu proyecto y por qué lo hace. Qué expectativas tiene y cuáles son sus próximos pasos, dentro y fuera del proyecto.

Este es el momento de máxima tensión porque seguramente hay cosas nuevas para todas las personas que participen. Es el momento de entender que:

  • No es personal: las acciones de las personas no son reacciones a fantasmas de nuestra cabeza. Los desencuentros o momentos de incertidumbre no son causados adrede para molestarnos u ofendernos (en todos los casos).
  • Cada cual no hace siempre lo que quiere, sino lo que puede: tal vez mirar desde “afuera” alguna situación o a alguna persona nos genere una perspectiva de la que estamos convencidas cómo tiene que afrontarla o resolverla. Aún cuando tengamos razón con nuestro análisis, cada ser no tiene más remedio que transitar su propio camino. No estamos para resolver por nadie nada. Sólo podemos ayudar cuando somos requeridas.
  • Nadie nace sabiendo: liderar un grupo de trabajo no es una habilidad que se aprenda de la noche a la mañana. Hay que estar predispuesta a que muy probablemente habrá fallas, desaciertos y disgustos. Es muy difícil crecer y mejorar la dinámica de trabajo grupal si no hay una decisión real de querer asumir un rol de liderazgo, capaz de afrontar las dificultades, saber reconocer los logros y comprender que el éxito es el proceso y no un punto de llegada.
  • Las cosas no siempre salen bien en el primer intento: darle una oportunidad a la falla, al momento áspero, es incómodo pero necesario para seguir trabajando por un horizonte tan bello como cierto, en cuanto a trabajo en equipo se refiere. Pueden haber varias reuniones o análisis antes de dar con las respuestas iluminadoras.
  • Primero llega la pregunta: en relación con el punto anterior, lo más probable es que en el primer encuentro sólo aflore más confusión que claridad, pero de a poco, esa nebulosa puede convertirse en una nueva manera de entender el trabajo colectivo.

Algunas veces estamos tan enfrascadas en la dinámica del mundo en el que vivimos que nos olvidamos de sintonizar con la que realmente queremos para nuestra vida. Caminar la vida sustentable tiene varias etapas y todas ellas son tan lindas como espinosas. Cuando el panorama se presenta frío y difícil, hay que recordar por qué hacemos lo que hacemos, entonces nos daremos cuenta de que nada es tan terrible como para abandonar el desafío.

Un abrazo inmenso! a trabajar!

Gracias por leer, Luján.-

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