La historia de porqué el 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer es intensa y está plagada de sucesos entre los cuales la mayoría son reclamos de trabajadoras por la igualdad laboral y ser reconocidas en pie de equidad con los varones como ciudadanas. El incendio de la fábrica de camisas en Triangle de Nueva York donde murieron 146 mujeres que protestaban por mejores condiciones laborales es uno de los más emblemáticos pero no fue el único ni el primero.

Como todo lo que toca el capitalismo lo convierte en mercancía, lo mismo ocurrió con el 8M, que de un tiempo a esta parte lo reconfiguró en una fecha de “festejo de ser mujer” en el que los hombres nos agasajan (en teoría) con ramos de flores, salidas románticas y bombones. Más todavía, es el mes de la mujeres para muchas tarjetas de crédito con promociones, shoppings y peluquerías. No faltó durante la última mitad del siglo XX, publicidades de todo tipo de marcas “felicitándonos” en esta fecha con alguna oferta especial. Con el tiempo, de manera lenta pero constante las propuestas para la fecha van cambiando la perspectiva aunque aun falte mucho recorrido por delante al respecto.

Hoy el 8M, además de la insistencia sobre la precarización laboral que sufren las mujeres en todo el mundo históricamente, se subraya más que nunca otras proclamas, que tampoco son nuevas dentro del feminismo, aunque cobraron vigor en el último tiempo: el fin de la violencia de género, de la discriminación en todas sus formas de personas no binarias, trans, travestis y lesbianas, de la esclavitud de las hembras no humanas, el reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito y por un estado separado de la Iglesia entre otras.

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